A mediados del siglo XX aprendimos cómo debían ser las alas. Ahora unos investigadores descubren que llevamos 80 años equivocados

La publicidad del afeitado perfecto y lo que piensan los ingenieros aeronáuticos tienen, aunque no lo parezca, mucho en común. Comparten el mismo dogma: cuanto más liso, mejor. En el primer caso, sigue aguantando el tipo; pero en el segundo, los investigadores ya han empezado a ponerlo en duda. Desde siempre, las alas y superficies lo más planas posible se han considerado lo óptimo en un avión. Según el estado actual de la investigación, solo así ofrecen la menor resistencia posible, y eso, al final, se traduce en ahorro de combustible.

Pero quizá haya otra solución mejor. Quizá un ala rugosa sea mejor.

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