El viejo continente ha estado reforzando sus ejércitos y desplazando tropas y armamento hacia las fronteras de Rusia durante mucho tiempo. Sin embargo, la OTAN se enfrenta a un problema que podría comprometer sus operaciones incluso antes de que comenzara una eventual guerra: el combustible. La Alianza dispone de una gigantesca red de 10.000 kilómetros de oleoductos construida para enfrentarse a la Unión Soviética. El problema es que buena parte de esa infraestructura sigue anclada en el mapa de la Guerra Fría.
Ahora necesita llevarla 1.000 kilómetros hacia el este. Y podría llevar 25 años.

