El 31 de octubre de 2003, unas personas estaban celebrando Halloween y otras las festividades previas al Día de Muertos. En algunos lugares se preparaban para llevar al día siguiente flores a sus seres queridos fallecidos y posiblemente la gran mayoría de personas del planeta no estaban haciendo nada especial. Lo común a la mayoría de los humanos es que en ese momento no éramos conscientes de que, sobre nosotros, el Sol estaba comenzando a vomitar las llamaradas solares más potentes que se han registrado jamás.
Aquel evento es conocido precisamente como tormenta de Halloween y durante mucho tiempo se ha considerado como un ejemplo del límite de intensidad que pueden alcanzar las llamaradas solares. Sin embargo, gracias a un estudio publicado recientemente por científicos del Instituto Max Planck y la Universidad de Colorado Boulder, sabemos que no. La intensidad podría ser muchísimo mayor. Tanto como para dar lugar a un desastre en nuestros sistemas de telecomunicaciones.

