Si crees que la obra más larga de la historia fue la reforma del piso de tu vecino, en la que te comiste varios meses de martillazos mientras tú teletrabajabas, lo entiendo. Me ha pasado. Pero, en realidad, hay obras más largas. Y podría haberlas peores. Imagínate una en la que los materiales deben cruzar 200 millones de kilómetros hasta llegar a su destino. Es bastante tedioso. Por eso, a nadie se le ocurre acarrear ladrillos hasta el planeta rojo. Los científicos tienen más que asumido que, para construir edificios en Marte, habrá que aprovechar los materiales que ya hay allí o, como mucho, algunos que se puedan transportar fácilmente y reutilizar después.
Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong ha partido de estas dos premisas y ha añadido una impresora en 3D a la ecuación para desarrollar un método de construcción de lo más interesante. De momento, solo han construido cúpulas tamaño Pinypon, pero todo apunta a que el proceso podría escalarse hasta edificios de varios pisos.

